sábado, abril 15, 2006


Yo recuerdo, que el día que mis padres se separaron volaron maletas por la puerta y que nos subimos a un bus rumbo a Viña, era el año 78 y a mi abuelo Juan Silva lo habían trasladado a esa ciudad, cuando nos bajamos estaba mi Tata como le decíamos cariñosamente, mi abuela y mi tío pendejo (por la poca edad digo). Yo recordaba que en Antofagasta tenían un auto verde muy grande, donde cabíamos todos cómodamente, pero cuando fuimos hacia el estacionamiento del terminal de buses, nos encontramos que habían cambiado el auto por una citroneta, el problema fue acomodar tres adultos y cuatro niños en esta. Cuando íbamos a la casa de mis abuelos, lugar donde viviríamos todos juntos por un buen tiempo, había que tomar una cuesta, donde la pobre citroneta iba tiritando por todos lados haciendo su sonido de motor característico pero elevado al cubo, entonces se me ocurre decir a modo de broma: se imaginan se fundiera el motor, dicho esto comienza a salir humo del motor, por lo que ahí entendí el concepto del pájaro de mal agüero.
La vida en la casa de mis abuelos tuvo cosas malas y cosas buenas, no debe ser fácil que vuelva una hija donde sus padres con tres hijos al hombro, por lo que solo alcanzamos a vivir juntos un año mas o menos.
Lo que no puedo dejar de agradecer los buenos momentos que pasaría junto a mi abuelo y sus paseos, no puedo dejar a mi abuela afuera porque también estaba en ellos, pero la relación que tuve con él fue muy especial. Era una persona tan positiva y con una picardía tan característica en él, que lo hace memorable.
Entre tanto mi padre que lo habíamos dejado trabajando en los camiones de Chuquicamata, comenzó a hacer todos los turnos de noche en los camiones y en el día iba a trabajar gratis en el departamento de Relaciones Publicas, así es, lo que pasa que aunque parezca chiste en ese departamento, nadie sabia hablar ingles, y mi viejo como había trabajado en la empresa de explosivos de propiedad Norteamericana y por el cargo que había tenido lo sabia hablar. Posteriormente lo contrataron en Relaciones Publicas y por supuesto cambio el poder adquisitivo, de Rol B, paso a Rol A, Etc. En algo sirvió la costumbre de trabajar gratis.
Nosotros antes de esa época ya nos habíamos cambiado a vivir a Quilpue. Me acuerdo que para la navidad del agradecido ascenso mi viejo contrato un camión lleno de juguetes para nosotros por supuesto con las infaltables bicicletas para cada uno.
La vida en Quilpue es una de las épocas más bonitas de mi vida, ya que vivíamos en una villa con hartos amigos, esta era una villa de marinos por lo que la mayoría de las mujeres pasaban solas y mi madre era una mas del equipo.
Me acuerdo que organizábamos campamentos en los patios de las casas, un día organizamos ir a Limache a acampar éramos Claudio (el mayor con 15 años), Mi hermano Cristian y el otro Cristian (de 12 años), Pepe y yo (de 10 años). Si lo pienso como están las cosas hoy, se me caería el pelo si mi hijo de 10 me dijera que van a acampar solos a un lugar y que el mayor del grupo tiene 15 años. Pero así fue, quizá porque los padres estaban fuera nuestras madres nos veían más grandes o esa época era más tranquila no lo sé de hecho mi hermano tiene la foto cuando íbamos partiendo a esa aventura y otra donde entre todos tratabamos de armar una fogata. Partimos caminando desde Quilpue hacia Limache en la tarde, me acuerdo que nos paramos a ver una copa de agua, pintada como base de ajedrez en rojo y blanco. En un momento empezamos a hacer dedo ya que estaba anocheciendo y nos paro una camioneta con un toldo de lona, en el trayecto nos mirábamos todos asustados (se hizo evidente nuestras edades), pero Claudio el mayor se mostraba más tranquilo eso si nunca soltó el corvo de su padre que llevaba en el cinto. Cuando nos bajamos de la camioneta seguimos caminando hasta llegar a un río y procedimos a armar la carpa que por supuesto era propiedad de la Armada de Chile al igual que los sacos de dormir, etc.
En la mañana siguiente sentimos a unos curagüillas revisando nuestras cosas por fuera de la carpa a lo que Claudio y mi hermano Cristian solo atinaron a mantener firme el cierre de la entrada de la carpa, para que pareciera trancado y no hacer evidente nuestras edades.
Por supuesto no nos rendimos a estas aventuras y realizamos una caminata a lo Vásquez, debe haber sido el mismo grupo y además iba mi tío Andrés (si, el tío pendejo), y lo más probable que nunca contamos lo que nos había pasado en nuestra primera incursión. En esta caminata fue mucho mejor porque íbamos protegidos por miles de personas, cantando con la gente, al otro día pasamos por una lechería tomamos leche recién salida de la vaca, no me olvido su precio de esa época, diez pesos el litro, su sabor y textura era como poner en la licuadora leche con pasto y después beberla.
La verdad que finalmente no llegamos a Lo Vásquez por problemas internos del grupo (alguien se agarro con otro y se acabo el paseo) y lo otro que no recuerdo como nos devolvimos, debe haber sido en Micro.

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