
Yo recuerdo, como dije antes, que viví en Quilpue y fueron buenos tiempos. Recuerdo que armábamos con los amigos del barrio campamentos en el patio de mi casa y pasábamos la noche ahí. En Semana Santa en Quilpue se quemaba al "Judas", esto significaba construir un muñeco relleno con géneros al cual se le fabricaba la cabeza con una pelota plástica. Posteriormente se montaba en una carretilla y se pedía dinero a la gente del barrio, posterior a esto se colocaban las monedas dentro del cuerpo del Judas. Cuando llegaba el atardecer se colgaba el muñeco de la cabeza (imitando a un ahorcado) y se le prendía fuego. A medida que se iba quemando el muñeco, iban cayendo las monedas, que eran recogidas por todos los niños del barrio. La villa donde vivíamos, limitaba con un campo en donde existían varios tranques algunos naturales y otros construidos por los dueños de los fundos para regar los campos. En estos tranques (uno principalmente), me introduje en mis primeros y últimos pasos como naturista. Me quedaba horas mirando a los renacuajos que pronto se convertirían en grandes ranas, observaba las distintas etapas que pasaban algunos insectos como matapiojos, mosquitos y otros insectos acuáticos. Luego me dio por observar a las hormigas, de hecho me compre una lupa, les iba colocando otros insectos como polillas y miraba como se la iban llevando por partes a su hormiguero, no puedo negar lo entretenido que era también quemar algunas hormigas con el aumento de la lupa.
Recuerdo que en esa época con mi hermana Paulina armábamos naves espaciales con cajas de cartón y papel de aluminio, en donde los botones de la nave, eran todo tipo de tapas de botellas o frascos. También recuerdo que nos disfrazábamos con trajes hechos por nosotros y realizábamos una especie de "Cuanto vale el show" familiar en una tele de cartón.
En nuestra familia, habían rituales que eran infaltables, como acompañar a mi madre a buscar el dinero que enviaba mi viejo a fin de mes y luego pasar a comprar unos berlines a la pastelería Lagomarsino en Viña de mar, o los 18 de Septiembre, como éramos chicos, nuestra mamá hacia un ponche, mezclando bebida Seven up con duraznos en cubo y hielo para acompañar el almuerzo.En esa época nosotros estudiábamos en la Escuela Carmelitana en Viña del Mar, recuerdo que teníamos una compañera la cual todos andábamos detrás de ella, y tratábamos por todos los medios que nos diera un beso, pero entre todos los niños siempre hay uno mas enamorado, no me olvido su nombre por lo poco común: Temistocles Campos, alias "el Temo", que sufría con este montón de lachos que besaban a su musa, un día en una reunión de apoderados que nos quedamos esperando a los papás (o mamás), estábamos en una escalera con otro compañero de curso tratando de robarle un beso a esta chica, y aparece "Temo" con los ojos inyectados de sangre, agarrando a mi compañero del cuello y por supuesto acompañado de feroz paliza, a pesar que le tratamos de explicar nuestras buenas intenciones con nuestra compañera, solo servia para enfurecer mas al pobre enamorado. Recuerdo haberme sacado una foto para la primera comunión con esta niña. Es divertido a esa edad por las cosas que uno es capaz de agarrarse a combos, recuerdo una ocasión que con un compañero tuvimos una discusión, y no faltaron los que azuzaban diciéndonos "ahh lo que te dijo" o " manda el le toca la oreja al otro", y le tire la oreja para que viera quien mandaba y se armo la pelea. La verdad que en mi historial boxeril, no había tenido que demostrar mis habilidades pugilísticas, ya que cuando les agarraba la oreja a mis contrincantes, estos siempre habían declinado entrar a la pelea, pero en este caso al tocarle la oreja, recibí de vuelta un tremendo combo en el ojo que me descompenso totalmente, menos mal que era caballero y dio por terminada la pelea (eso si, anduve como dos semanas con el ojo en tinta). Su nombre era Juan Carlos Leiva, con el cual nos hicimos buenos amigos en esa época.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario